Inversión

Panorama futuro del inversor

el futuro del inversor
Tal y como vemos el panorama global, los próximos años los inversores vamos a tener que adaptarnos a un mundo muy diferente al que nos hemos acostumbrado durante estos últimos años.

Hemos establecido una serie de verdades incuestionables sobre las que se sustentará el nuevo panorama global, categorizándolas en fuerzas económicas y fuerzas disruptivas. Este resumen ofrece una panorámica de los argumentos planteados en el informe.

Fuerzas económicas

Durante la próxima década podremos ver una ralentización de la economía global debido a la confluencia de diversos factores:

  • El menor crecimiento de la mano de obra global
  • La debilidad del crecimiento de la productividad
  • El envejecimiento de la población
  • La importancia creciente de China
  • Inflación baja
  • Tipos de interés

Un contexto que ya resulta familiar, pues lo venimos observando desde la crisis financiera global: a pesar de los reducidos niveles de crecimiento y de la inflación, los mercados tanto de renta variable como de renta fija están evolucionando de forma positiva. Pero, a diferencia de los últimos años, ya no podremos contar con las ventajas de las políticas monetarias ultraacomodativas, las cuales nos llevaron a tipos de interés real negativos.

Conforme los tipos de interés vuelvan a situarse en niveles normales y los Bancos Centrales vayan cerrando el grifo de la QE, creemos que los inversores volverán a centrar el foco de atención en la fiabilidad de los beneficios empresariales a medida que la volatilidad en los mercados vaya aumentando. La ralentización del PIB en el futuro no implica necesariamente que los beneficios empresariales se vayan a reducir.

Además, creemos que también serán menores las rentabilidades que proporcionan los índices del mercado, con lo que será difícil que la inversión pasiva (aquella que se basa en replicar un índice de mercado) genere las rentabilidades a las que tenía acostumbrados a sus inversores. ¿Implicaciones? muy sencillo, de cara al futuro serán necesarios más profesionales de la gestión activa que sean capaces de generar alfa o, como se conoce comúnmente, de batir al mercado.

 

Fuerzas disruptivas

Desde nuestro punto de vista, los próximos años podremos observar tendencias disruptivas en varios ámbitos:

Disrupción del mercado

  • Cambios en los patrones de financiación. Los bancos seguramente cederán el papel protagonista a otras formas de financiación alternativas. Prevemos un crecimiento de los mercados de deuda corporativa, de capital riesgo y de los métodos alternativos, como los préstamos entre particulares y el crowdfunding.
  • El ocaso del Quantitative Easing. Cada vez más bancos centrales recogerán el testigo de EEUU y comenzarán a reducir gradualmente los activos de sus balances. La adquisición de esos activos se llevó a cabo a través de los programas de expansión cuantitativa: una medida implementada para atajar los efectos de la crisis financiera. Su retirada provocará un incremento de la oferta de deuda pública y corporativa para el sector privado, lo que debería ser bien acogido por los inversores, en vista de la escasez actual de estos activos —teóricamente seguros—y del mayor número de ahorradores próximos a la jubilación que buscan inversiones que les puedan ofrecer mayor seguridad financiera.

Disrupción tecnológica

  • Cambios en los modelos de negocio. La tecnología genera desafíos únicos para los inversores, dado que tiende a transformar los modelos de negocios actuales y crear ganadores y perdedores.  Decantarse claramente por las firmas que apuestan por el progreso tecnológico seguirá resultando imprescindible para obtener rentabilidades de la inversión.
  • La sustitución de la mano de obra. La tecnología puede incrementar la eficiencia en los procesos productivos, pero también puede conllevar un aumento del número de empleos sustituidos conforme los empleos tradicionales vayan cayendo en la obsolescencia. El creciente uso de la robótica y la IA (inteligencia artificial) afectará a una gama de profesiones más amplia, lo que podría agravar los problemas de desigualdad y, posiblemente, conllevar una disrupción política aún más marcada.

Disrupción medioambiental

  • El tiempo apremia y nuestras perspectivas para el futuro se complican debido al incremento de las fricciones entre la economía real y el entorno natural, especialmente debido al cambio climático. Este desafío que ha venido gestándose durante siglos, requiere de la aplicación de medidas correctivas mucho más drásticas para evitar las consecuencias más graves de este fenómeno.
  • La falta de evaluación de los daños medioambientales tendrá severas consecuencias económicas y sociales. Si bien la pasividad e inacción conlleva importantes riesgos a largo plazo, las medidas para evitar los efectos más graves del cambio climático también tendrán que ser necesariamente disruptivas.

Disrupción política

  • Las finanzas públicas se verán sometidas a presiones. Las perspectivas económicas lastrarán las finanzas públicas, al tiempo que el envejecimiento de la población conllevará un incremento del gasto en pensiones y de la demanda de atención sanitaria. Los gobiernos tendrán cada vez más dificultades para cumplir las expectativas de sus votantes, lo que podría avivar el fuego de los movimientos populistas.
  • Las personas también se verán más presionadas. Las dificultades de los gobiernos a la hora de cuadrar sus cuentas obligarán a las personas a asumir una mayor responsabilidad individual a la hora de financiar su jubilación y su atención sanitaria.
  • El auge del populismo acarreará un incremento de la complejidad en la esfera política. El surgimiento de políticas para mitigar los efectos de la globalización a través de restricciones sobre el comercio, la inmigración y los flujos de capitales resulta cada vez más probable.

En resumen, tras casi una década de sólidas rentabilidades, muchos inversores han adoptado una actitud complaciente respecto de las perspectivas. Esta valoración sugiere que, en el marco de un contexto futuro más complejo, factores como la asignación de activos, el acceso a múltiples fuentes de rentabilidad, la selección activa de valores y la gestión del riesgo resultarán fundamentales de cara a cumplir los objetivos de los inversores durante la próxima década.

A medida que nos adentramos en la próxima fase de la era posterior a la crisis financiera global, estas verdades incuestionables pueden contribuir a guiar a los inversores en un periodo de disrupción sin precedentes.